Categoría: Opinión

  • «Infodemia de locos», por Álex Salebe

    «Infodemia de locos», por Álex Salebe

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) introdujo el vocablo en el ecosistema informativo durante los primeros meses de la pandemia, a principios de 2020, para definir y advertir del exceso de información sobre la crisis sanitaria —falsa o verdadera— que inundó medios de comunicación, redes sociales e infinidad de páginas web. Allí aterrizamos en la búsqueda natural e insaciable acerca del virus que terminó de descolocar al planeta.

    Pertinente, además, por parte de la OMS, en un escenario con negacionistas y profesionales del bulo que ejercían de científicos, como Donald Trump —el ahora salvador del mundo—, que sugirió a la población tratar el covid-19 con inyecciones de desinfectante, y otros personajes españoles indescriptibles como el cantante Miguel Bosé o el pseudoperiodista Iker Jiménez, de dudoso compromiso con la veracidad, vertiendo opiniones e informaciones (especulaciones) sin fundamento científico.

    La palabra infodemiología fue acuñada en 2010 por el prestigioso médico e investigador alemán Gunther Eysenbach, versado en cibermedicina. Los expertos definen hoy el término como la ciencia de la distribución y los determinantes de la información en internet o en la población, con el objetivo de informar sobre la salud y las políticas públicas.

    Toleramos una sobreabundancia de información durante el covid, pero hoy la infodemia, usurpando el vocablo, se multiplica desde partidos y actores políticos, influencers y medios de comunicación, incontinentes con todo lo que sea materia de opinión o no, y en el peor de los casos sin investigar, contrastar u ordenar motivaciones razonadas.

    Nos atropellan informaciones falsas y bulos malintencionados en una muy consciente estrategia de guerra cognitiva de la desinformación, que diluye la realidad para favorecer intereses personales, partidistas o corporativos.

    Lo estamos viendo con la tragedia del terrible accidente ferroviario en la provincia de Córdoba. Mal estamos si gran parte de un espacio informativo o de análisis de la actualidad tiene que dedicarse a desenmascarar bulos propagados con montajes de IA sobre imágenes de un accidente donde murieron 45 personas y 126 resultaron heridas.

    Cero respeto a la memoria de las víctimas y sus familiares; cero respeto a los cuerpos de seguridad y emergencia que atendieron el siniestro; cero respeto al voluntariado organizado y a vecinos y vecinas que, en un primer momento, llegaron solidariamente hasta el lugar del suceso para auxiliar a los heridos; y flagrante violación del derecho ciudadano reconocido en el artículo 20 de la Constitución Española, en el capítulo de Derechos y Libertades: “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

    Es evidente que este derecho, como otros tantos derechos fundamentales, no solo no está siendo protegido, sino que tenemos tan asumida la difusión de falacias que la prudencia nos invita a esperar la comprobación del periodismo de verificación (fact-checking) para sopesar y saber, en definitiva, cuánto hay de verdad o de mentira.

    Todos los días tenemos agitadores a sueldo en redes sociales; ignorantes que repiten como loros lo que dictan partidos políticos, asociaciones o colectivos vinculados a ellos; políticos y políticas cínicos y de dudosa preparación —basta escuchar las barbaridades que dicen—; y medios de comunicación mercenarios que cobran chorros de dinero de administraciones públicas. Son los principales agentes de la desinformación que se pasean por la red, las cámaras, los micrófonos, la tinta y el papel con absoluta impunidad.

    “Lee para que no tragues entero”, desde niño me repetía mi padre y algún que otro profesor o profesora. Tenemos un problema serio con la falta de lectura, comprensión lectora y escucha entre la juventud, ensimismada y consumidora de información casi exclusivamente en redes sociales y, por tanto, mucho más expuesta a la tiranía del algoritmo, que predice gustos, cambia hábitos de consumo y dirige la atención hacia intereses ajenos. Más emoción que reflexión.

    Preocupa la apatía hacia la investigación, hacia la búsqueda de elementos de análisis llamando a la puerta de distintas fuentes. Preocupa el desconocimiento de la historia: hay jóvenes a los que se les hace añorar tiempos dictatoriales manchados de sangre y horror.

    La última evaluación internacional que mide el rendimiento del alumnado de 15 y 16 años en tres áreas básicas del saber —lectura, matemáticas y ciencias—, el informe PISA, publicado en diciembre de 2023, concluye que los estudiantes españoles bajan en comprensión lectora (el segundo peor dato histórico) y se sitúan por debajo de la media europea en matemáticas. Esos adolescentes evaluados en 2023 son hoy adultos jóvenes.

    Si tenemos una producción desorbitada de información que nos llega a velocidad de vértigo desde distintos frentes, difícil de gestionar, ¿qué elementos de juicio nos quedan si no estamos preparados para analizarla? Sin darnos cuenta —o quizá siendo conscientes—, estamos siendo cómplices del exilio de nuestro espíritu crítico.

  • «Involución siglo XIX», por Álex Salebe

    «Involución siglo XIX», por Álex Salebe

    Anda Europa con la mosca detrás de la oreja, cagadísima, en términos castizos, por las amenazas de Trump de apropiarse de Groenlandia y anexionarla a USA, “por las buenas o por las malas”, justificando el ‘Force One’ esta agresión por “motivos de seguridad nacional”.

    La isla más grande del mundo, territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, estado miembro de la Unión Europea, es con el deshielo, consecuencia del cambio climático que el mismo Trump menosprecia, pero que con sus acciones viene a reconocer, un punto geográfico clave en la apertura de nuevas rutas comerciales marítimas. Además, Groenlandia es rica en yacimientos de metales raros e hidrocarburos y USA pretende mermar la influencia de Rusia y China en la región. Está claro el interés de controlar Groenlandia, como está más que claro el interés de controlar Venezuela y Latinoamérica. Quién nos iba a decir que la vuelta de Trump a la Casa Blanca nos llevaría a la segunda mitad del siglo XIX y el XX, donde primaba la centralización del poder, la limitación de las libertades y la represión para mantener dizque el orden social y los intereses de élite.

    Como eran muertos ajenos, nada menos que 70.000, Europa no se tomó en serio y mantuvo y sigue manteniendo una vergonzosa postura de perfil sobre el genocidio perpetrado por Israel al pueblo palestino en Gaza, con el apoyo de papá USA. Ahora, tras el bombardeo a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, pretende reaccionar al verle las orejas a un lobo cuyo único límite, como lo aseveró con arrogancia, es “mi voluntad”.

    Llega tarde y dividida la UE, que parece que lo único que realmente tiene en común es el euro. Europa, distante, tampoco puso mucha atención a la amenaza de Trump de absorber su vecino país de Canadá y convertirlo en el estado número 51 de USA. Canadá está en el top 5, que encabeza Venezuela, entre los países con mayores reservas de petróleo del mundo, así, todos sus movimientos giran alrededor del dinero y el poder, es su orden mundial, el que motiva ataques en nombre de la “libertad”.

    Ya no sorprende que diga que otro de sus objetivos es Colombia y su legítimo presidente Gustavo Petro y que luego se retracte, aunque mañana puede volver a la carga, o que advierta que su ejército va a entrar por tierra a México a enfrentar los cárteles del país latinoamericano, mientras que internamente tiene un problema gordo con la producción y distribución de fentanilo.

    Si Trump incitó en 2021 a la toma del Capitolio de su propio país, desafiando el orden constitucional y desconociendo la victoria de Biden, aquel 6 de enero, el día más oscuro en la historia democrática del país, es capaz de ordenar un golpe a cualquier nación con menor capacidad de respuesta militar. En este escenario de tensiones, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que una agresión militar de USA contra otro país miembro de la OTAN (Dinamarca) significaría “el colapso definitivo de la seguridad internacional establecida tras la Segunda Guerra Mundial”.

    China, la gran piedra en el zapato de USA en la carrera por el poder global, rechazó la agresión a Venezuela, pero más que una simple voz de protesta, como lo hace tímidamente Europa, está tomando medidas económicas. Otra cosa, es que estas no formen parte de la agenda informativa del mundo occidental.

    Recogen medios alternativos, que el Banco Popular de China congeló temporalmente todas las transacciones en dólares con corporaciones vinculadas al sector de la defensa estadounidense; su sector energético ordenó la revisión de contratos con proveedores de USA; la petrolera estatal anunció la revisión de rutas de suministro poniendo en vilo contratos millonarios con refinerías americanas; su empresa de transporte marítimo empezó a evitar el uso de puertos importantes estadounidenses, que podrían haber sufrido una caída del 35 por ciento del tráfico de contenedores; China además ofreció a una treintena de países términos comerciales preferentes; puso a disposición una alternativa funcional al sistema financiero occidental y restringió las exportaciones de material esencial para la fabricación de componentes electrónicos, que afecta a grandes empresas americanas de alta tecnología, entre otras medidas; sin disparar un solo tiro.

    A todo esto, las petroleras estadounidenses no ven garantías legales y de seguridad suficientes para desembarcar en Venezuela, como lo anunció alegremente Trump. Piden “protecciones duraderas” para la inversión y hoy el gobierno de USA no está en capacidad de concederlas. Falta mucha tela por cortar y hechos por conocer.

  • «En las buenas y las malas», por Álex Salebe

    «En las buenas y las malas», por Álex Salebe

    En esta época del año vivimos reencuentros con la solidaridad. Y pertinente el prefijo re, porque parece que en diciembre recuperamos la virtud o el valor de la unión y el apoyo voluntario a personas o familias necesitadas o entidades que ayudan a personas o familias en situación de vulnerabilidad.

    Nuestra actitud otorga a la solidaridad la característica de alimento perecedero que caduca el 6 de enero. Después del día de Reyes Magos, cuando finaliza la temporada festiva, consumista por excelencia, y de entrega de regalos, pues adiós quien te quería.

    Intuyo que pretendemos autorenovar la etiqueta de “bueno” para el año entrante. Tenemos el ejemplo de personas que profesan cualquier religión, van a misa o servicio religioso el domingo, se dan golpes de pecho y luego durante la semana son unos cafres con el prójimo, incluidos políticos y políticas, que repiten oraciones como loros cada ocho días, mientras que fuera del templo son unos (as) auténticos chafalmejas, llenos de odio y exhibiendo comportamientos irrespetuosos, supuestos servidores públicos que por debajini despotrican de todo aquel que no les lame el culo, siendo además ignorantes comprobados.

    Claro, es injusto meter a toda la humanidad en el mismo saco, pero después del covid somos mucho peor sociedad. La pandemia estaba llamada a darnos un golpe de realidad, y no las dio de forma dura y cruel con millones de personas fallecidas, sin embargo, la otra realidad es que no aprendimos nada o casi nada.

    Esta semana leí en el diario Público un texto firmado por Danilo Albin que desgrana y analiza las cifras del horror presentada por la ONG Armed Conflict Location and Event Data (ACLED): “más de 240.000 personas murieron a causa de conflictos y guerras civiles en 2025”, situando a Palestina como uno de los escenarios más atroces. Por cierto, Israel sigue matando civiles, Gaza está destruida, su población está pasando frío y penurias y estamos dando por finalizada la invasión. Volvimos a la dolce vita.

    Hablando de solidaridad, puntualizaba antes que sería injusto meter a todos en el mismo saco. Hay mucha gente que es solidaria de enero a diciembre. En mi entorno más personal, tengo el ejemplo de un amigo de la juventud que nació y creció en medio de la abundancia económica, hasta que la empresa de su familia sufrió un descalabro financiero y tocaron fondo, no obstante, a pesar del impacto de ese giro de guión, la persona solidaria que conocí en las buenas sigue siendo la misma en las malas.

    Esta persona, que podría dedicar más tiempo a resolver problemas personales y familiares, no solo se mantiene comprometida durante todo el año con acciones solidarias, sino que redobla esfuerzos con campañas de fin de año para repartir alegría entre niños y niñas. Admiro su fuerza y convicción.

    En mi municipio de Yaiza, también puedo citar a voluntarios y voluntarias de la Agrupación de Protección Civil, entre ellos, inmigrantes, que trabajan a lo largo del año, sin olvidar el valiosísimo y arriesgado servicio que prestaron en pandemia; también puedo mencionar el grupo de voluntarios y voluntarias, organizado por el centro de buceo Pura Vida Diving Lanzarote, que desde 2018 no para de limpiar
    playas y fondos marinos, y así, seguro que conservamos en nuestro mejor pasado y presente a personas anónimas y entidades que van por la vida repartiendo solidaridad.

    No hace falta salir en medios de comunicación ni posturear en redes sociales, sus obras hablan por ellas y ellos. Son verdaderos ejemplos para todas y todos. Sobre la solidaridad y generosidad, Pepe Mujica repetía que la vida le enseñó “que por jodido que estés, siempre podrás darle la mano a alguien que está más jodido que tú”.

  • Residencia de la Cruz Blanca: el eco de un sueño que se negó a morir

    Residencia de la Cruz Blanca: el eco de un sueño que se negó a morir

    Llegué a la Consejería de Hacienda y Contratación en 2023 con la mayor de las energías y, sobre todo, el sentimiento de responsabilidad más grande que se puede tener en la política insular: gestionar la economía para que repercuta positivamente en el beneficio del conjunto de los vecinos y vecinas de Lanzarote y La Graciosa. Y eso trato de hacer en todo momento.

    En unos días en los que la actualidad nacional pasa por la sucesión de escándalos que rodean al gobierno socialista de Pedro Sánchez, en medio de una espiral de corrupción, detenciones, extorsiones, escándalos machistas, excesos y abusos repugnantes, resulta reconfortante encontrar motivos para la esperanza a escala local. Frente al hastío y la sensación generalizada de descrédito institucional, me quedo con la magnífica noticia que supone para esta isla el inicio de la conocida por todos como Residencia de la Cruz Banca, en Altavista. Un proyecto que habla de cuidado, dignidad y compromiso con los más vulnerables y que, como tantos otros en Lanzarote, ha estado durmiendo el sueño de los justos durante décadas hasta que, por fin, salen de las gavetas y comienzan a andar.

    Quienes me conocen saben que no soy de las que se dan codazos para salir en la foto ni de las que se ponen medallas ajenas. Creo en la política como un servicio público y como una oportunidad para dejar mejor aquello que encontramos. Prefiero trabajar en equipo, sin aspavientos, y quedarme con la satisfacción que produce el deber cumplido y la serenidad que deja saber que el esfuerzo ha valido la pena porque hará más fácil y mejor la vida de muchas personas.

    Una de esas ocasiones fue, sin duda, la puesta en marcha del comedor social en Arrecife durante el pasado mandato con Astrid Pérez, y ahora la recuperación de la originaria e inconclusa residencia de la Cruz Blanca que, gracias a la financiación del Cabildo y de la mano de la Diócesis de Canarias, se transformará en un centro de atención integral modélico. Y sí, no voy a esconder que me emociona ver cómo, dieciséis años después de haber colaborado en esta causa, renace un proyecto que nunca debió caer en el olvido.

    Aún recuerdo las movilizaciones, las puertas que se tocaron y no se abrieron o la ilusión con la que organizamos aquel bingo benéfico, allá por el 2008, con la esperanza de que la suma de granitos de arena anónimos se convirtieran en una montaña. Pero no pudo ser, y muchos de los que por entonces se volcaron en aquella causa común ya no están con nosotros.

    Esa espinita se quedó clavada desde entonces y cuando hace apenas un año el arquitecto Martín Martín llamó a la puerta, supe que era el momento, que la vida nos estaba ofreciendo una segunda oportunidad para enmendar un fracaso, reavivar aquel sueño colectivo y convertirlo, al fin, en realidad.

    Y es aquí que quiero agradecer expresamente al excepcional equipo humano de la Consejería de Hacienda y Contratación su compromiso con este proyecto y la implicación personal y profesional que han puesto para conseguir la financiación económica necesaria para llevarlo cabo. Y créanme si les digo que no es nada fácil arañar 8 millones de euros para una obra que no figuraba en los presupuestos.

    Sin duda ese vínculo silencioso del “ahora o nunca”, ese ultimátum silencioso, fue clave para lograra dotar económicamente al nuevo proyecto de la residencia, al que finalmente se han sumado dos millones más. En total 10 millones de euros, de fondos propios del Cabildo, que permitirán transformar el edificio abandonado de Altavista en un moderno centro insular de atención integral de 7.000 metros cuadrados con residencia para nuestros mayores dependientes, centro de día, viviendas de emergencia, comedor social y un centro de formación ocupacional, entre otros servicios. Si todo transcurre como está previsto, el proyecto estará funcionando previsiblemente en 2028.

    Tras dieciséis años, cuatro legislaturas y un sinfín de cambios socioeconómicos, este espacio nos
    recuerda que los sueños colectivos no mueren, que solo duermen hasta que la voluntad política y
    social los despierta.
    Por ellos.
    Por quienes siempre creyeron en el proyecto y su necesidad.
    Por las personas que requieren cuidados especiales y por sus familias.
    Porque porque cuidar de nuestros mayores no es una opción sino una responsabilidad compartida.

  • ‘Fiesta de Pilito, fiesta de todos’. Por Alex Salebe Rodríguez

    ‘Fiesta de Pilito, fiesta de todos’. Por Alex Salebe Rodríguez

    Villancicos, aguinaldos y comidas alegran los encuentros familiares y de amigos esta época festiva, donde a fin de cuentas el calor humano del hogar y nuestra gente  cercana son el regalo más preciado, lo demás, no es que sobre, pero es prescindible. 

    Aparte de los villancicos clásicos en sus mil y una versiones, cada persona o camarilla tiene sus gustos en materia de géneros musicales. En casa, escuchamos casi de todo, pero es infaltable acompañar el compartir del 24 y 31 de un banquete musical de salsa navideña, y sin ser meticulosos, porque en YouTube hay repertorios que mezclan distintos intérpretes de varias generaciones para elegir, y todos contentos.

    La mejor forma de recordar artistas fallecidos es a través de su obra. Seguro que cuando escuchamos canciones de alguno de ellos o ellas no tardamos en subirlos al altar de los inmortales. El pasado 6 de diciembre murió de viejo, con 99 tacos, como nos gustaría irnos a la mayoría, Rafael Ithier Natal, fundador y director de El Gran Combo de Puerto Rico, considerada la mejor orquesta de salsa del Planeta. 

    El maestro, director, pianista, arreglista y compositor, se paseó por el mundo durante 63 años cocinando salsa, son y rumba para la gente latina y no latina, junto a sus muchachos de la Universidad de la Salsa, como se conoce popularmente a la orquesta: “esto lleva sus añitos pa’ tocarse como es…”, dice con razón la letra de la canción ‘Arroz con habichuela’, en la voz de Charlie Aponte, uno de los cantantes reconocidos en la historia de la orquesta, que en su delantera jugaba  con otros dos cracks, Papo Rosario y Jerry Rivas. Rosario murió esta misma semana por complicaciones de salud y Aponte abandonó la orquesta en 2014, así que de ese trío de voces legendarias solo queda Rivas. 

    La Universidad de la Salsa estuvo dictando cátedra en Lanzarote en 2004 ó 2005, no recuerdo muy bien. Lo que  sí recuerdo es que pedí a la directora de entonces del diario La Voz de Lanzarote, Paqui Trujillo, que me encomendara la cobertura informativa del concierto celebrado en el recinto ferial de Arrecife. Allí no solo disfruté de la música “colado” en la parte izquierda del escenario, a dos metros del piano de Ithier, con la debida autorización del director, sino que antes del espectáculo intercambié recuerdos con Rafael Ithier y Jerry Rivas de actuaciones apoteósicas en Barranquilla, ciudad que sigue respirando salsa a pesar de la tendencia reguetonera e influencia de ritmos urbanos emergentes. 

    Quizá la canción navideña de El Gran Combo de Puerto Rico más reconocida internacionalmente es ‘No hay cama pa’ tanta gente’ (1985), una frase que además entró a formar parte de nuestro vocabulario de calle para expresar figurativamente que no hay espacio o lugar disponible en cualquier contexto. A mí personalmente me sabe mejor ‘La fiesta de Pilito’, pero en cualquier caso, todos sus temas son contundentes y tienen esa sazón caribeña que engancha. No son precisamente ensaladitas light. 

    ¿Y quién es Pilito?, pues era un allegado a la orquesta que cualquier día se presentó a un ensayo tarareando una canción sin título que había compuesto; y le sonó la flauta con El Gran Combo, que después de grabarla rematando algunos versos, decidió bautizarla con el nombre de ‘La fiesta de Pilito’, convirtiéndola en uno de los grandes éxitos de Navidad y cualquier época del año. La canción está incluida en el álbum Nuestra Música, del 85, donde aparecen  ‘No hay cama pa’ tanta gente y ‘Asalto navideño’, entre otras letras. 

    Parece que las canciones navideñas tuvieran fecha de caducidad, porque están hechas para sonar en diciembre y cuando mucho también en noviembre, “pero no se apuren que la Navidad, a la vuelta ‘e la esquina está…” , dice Pilito con buen ritmo y sabor. Su fiesta es el fiestón imaginario colectivo, el goce de todos y todas. Que en paz descanse el maestro Rafael Ithier, profesional de la música, profesional del vacile. 

    Aprovecho este espacio para desear a todos y todas unas felices fiestas, que la salud acompañe para continuar en la lucha del diario vivir y la esperanza de mejores tiempos. 

  • “CRUZ NEGRA, CRUZ BLANCA”, ¡VAYA UNA CRUZ!», Por Pedro San Ginés

    “CRUZ NEGRA, CRUZ BLANCA”, ¡VAYA UNA CRUZ!», Por Pedro San Ginés

    Menuda cruz”, la que nos cayó con el dichoso debate sobre la oportunidad de quitar o no la cruz de la Plaza de Las Palmas, por aquello de la memoria histórica y sus vínculos con el franquismo, ese que casi nadie debía tener ya en la memoria.

    La verdad es que, leyes, normas o cuestiones patrimoniales aparte, a mí lo que dicta el sentido común es que la presencia o no de esa cruz dudo que fuera motivo de preocupación para casi nadie, ni siquiera para los más republicanos, ni tampoco creo necesario el gasto de recursos que se ha hecho; de momento para retirarla primero y luego para reponerla, puede que pendiente de resignificarla —que es el palabro utilizado para legitimar la permanencia de lo que fueran símbolos franquistas— y quién sabe si para volverla a retirar, como insisten algunos. Menuda matraca a cuenta de la relación de la cruz con el pasado más negro de la ya no tan reciente historia de España, y de ahí mi rebautizo como la Cruz Negra.

    Entiendo bien a quienes la consideran un mero símbolo religioso que forma parte del paisaje urbano que transitan, y son mayoría entre los usuarios habituales de la plaza —cosa que no deberíamos olvidar, ya que nos ponemos tan memoridemocráticos—, por cuanto está justamente delante del templo religioso más importante de la isla, la iglesia de San Ginés. Entiendo algo menos a quienes, tras resucitar a Franco y a la guerra civil (no confundir con la justa reivindicación de restituir la dignidad de quienes siguen en cunetas y fosas comunes), repentinamente les ha parecido una ofensa su presencia, y entiendo regular a quienes simplemente la consideran un estorbo para el uso diáfano de la plaza, aunque a estos últimos les muevan razones más lúdico-festivas que memoristóricas.

    A mí, particularmente, me importa bien poco lo que hagan con la Cruz Negra, pero sí me pareció una calculada pena su reposición —foto y nota de prensa municipal al canto— coincidiendo con el día en que se firmó el convenio para que viera la luz la residencia de mayores de la Cruz Blanca —igualmente foto y nota de prensa cabildicia al canto—, aunque esta sí que me importa, y mucho, por cuanto supondrá un nuevo y muy necesario recurso asistencial para atender a las personas en esa etapa de la vida a la que todos llegaremos, y a la que cada vez nos sumaremos más: la vejez.

    El PSOE insular sigue entreteniendo a la gente con sus memorias y falsos relatos, como su supuesta apuesta por el bienestar social y la atención a la dependencia —tras tener 4 años en vilo a todas las ONG de la isla que la atienden, renunciando al concierto social con ellas y sin resolver siquiera el contrato para la residencia de mayores de Tahiche que se encontraron adjudicada en 2019. Por contra, desde Coalición Canaria hemos retomado la senda de la atención a la dependencia para que, por fin, vean la luz tanto la residencia de mayores de Tahiche como la de la Cruz Blanca, con una inversión —de momento— de 6 y 10 millones de euros respectivamente, con fondos propios del Cabildo de Lanzarote, amén de regularizar los convenios y avanzar en el concierto social con todas las ONG del sector.

    Desde estas líneas quiero felicitar por ello al actual grupo de gobierno liderado por Oswaldo Betancort, y al PSOE que todo lo cuestiona, recordarle que fue bajo el gobierno de CC —por cierto, con el mismo consejero al frente, Marciano Acuña— cuando se produjeron los últimos grandes avances de Lanzarote en atención a la dependencia: equipamiento y puesta en marcha de la Residencia y Centro de Día de Atención a la Discapacidad, o construyendo, equipando y poniendo en marcha —donde había dos solares—, primero, la Unidad de Rehabilitación Psicosocial, Don Julio Santiago (también residencia y centro de día), y después la Residencia de Mayores Dr. Guzmán, ambos con inversiones multimillonarias. Desde entonces, nada importante se había hecho en Lanzarote en este campo, pero, tras 4 años aciagos de paréntesis falsariamente progresista, hemos vuelto a la senda de progreso en atención a la dependencia.

    En definitiva, aunque es una pena que el principal partido de la oposición siga en manos de quien mece la cuna donde retoza su secretaria general, enfrascados en debates estériles que no resuelven nada a la gente, como el de la Cruz Negra, en Coalición Canaria no hemos perdido el foco en el objetivo de seguir diseñando y ejecutando proyectos de esperanza y futuro que sí interesan a la gente, como el de la Cruz Blanca.

  • «Sí, soy populista», por Yoné Caraballo

    «Sí, soy populista», por Yoné Caraballo

    A veces, las palabras que otros lanzan como acusación acaban convirtiéndose en un espejo. Un espejo incómodo, sí, pero también revelador. En los últimos tiempos he escuchado, una y otra vez, que mis intervenciones, mis preocupaciones, mi forma de expresarme como uno canario más con orgullo de nuestra habla popular, además de mis denuncias, me convierten en “populista”.

    Y he tenido que preguntarme qué significa realmente esta palabra cuando la arrojan con tanta facilidad quienes se sienten molestos por lo que digo en cada entrevista o en cada intervención en el pleno del Parlamento de Canarias defendiendo a Lanzarote, o defendiendo algo tan valioso como es la sanidad pública, donde previamente siempre solicito informes y datos para hablar cada vez que me subo al estrado con rigor, sin argumentarios escritos por asesores, y con el lenguaje de la verdad, ese que entiende todo el mundo más allá del hemiciclo.

    Si ser populista, según quienes me señalan cada día, tanto miembros de los grupos que apoyan al gobierno, como medios afines o colectivos molestos, es creer que la sanidad pública no es un lujo, sino un pilar irrenunciable de una sociedad justa, entonces sí, quizás sea populista.

    Si es populismo exigir que la salud mental deje de ser una nota a pie de página en los presupuestos, que las esperas no deshumanicen, que quienes sufren encuentren manos tendidas y no puertas cerradas, entonces, sí, soy populista. Si es populismo pedir que Lanzarote reciba los recursos que merece, que no sea la eterna abandonada, el patito feo en inversiones; que la distancia no se convierta en olvido; que nuestros pueblos, nuestros barrios y nuestras familias tengan el mismo derecho a una vida digna que en cualquier otro rincón del archipiélago, entonces llevo esa etiqueta con orgullo.

    Porque si defender lo nuestro, lo tangible, lo pequeño pero valioso, lo que tiene más de cien años de historia y late en la memoria de quienes nos precedieron, significa enfrentarse al poder y a los intereses de quienes prefieren el brillo inmediato del desarrollismo sin límites, entonces sí, soy populista. Si ponerme del lado de un pueblo que lucha por conservar su identidad es populismo; si cuestionar al hotel que avanza sobre la orilla es populismo; si levantar la voz por una isla más sostenible, más equilibrada y más humana es populismo, entonces acepto el término con serenidad.

    Porque, al final, lo que algunos llaman populismo no es otra cosa que cariño. Cariño por una tierra que no quiero ver convertida en escaparate. Cariño por una isla que merece futuro, que merece convertirse en nuestro hogar, pero también memoria. Cariño por una forma de vivir que no todo el mundo entiende, pero que para muchos de los que militamos en Nueva Canarias Lanzarote lo es todo. Y si a todo eso lo llaman populismo,entonces sí “mi niño”, soy populista y no me avergüenza.

  • ‘Malpensando’ Por Alex Salebe Rodríguez.

    ‘Malpensando’ Por Alex Salebe Rodríguez.

    Hay una canción de Rubén Blades, del año 99, que me gusta mucho, aunque más que una canción se trata de uno de esos discursos musicales que el cantautor panameño suele lanzar para sacudirnos por nuestra ceguera social: “mentiras y traiciones hacen que la razón desaparezca, nace la indiferencia, se anula la conciencia y no hay ideal que no se desvanezca…”, y suma y sigue. Su título: Hipocresía.

    La agresión bélica de Trump en el Caribe, con la mirada puesta especialmente en la República Bolivariana de Venezuela, y de reojo también en Colombia, me recuerda la invasión de USA y sus aliados en 2003 a Irak y la gran mentira de las armas de destrucción masiva secundada por el predicador José María Aznar. 

    El control del Golfo Pérsico era vital para el Tío Sam. Estados Unidos produce solo el 35 por ciento del petróleo que consume, así que el resto debe importarlo, y de allí su interés, su verdadero interés, que no es otro que apropiarse de los  recursos naturales de países ricos en gas y petróleo. 

    Intervenciones en Afganistán 2001, Irak 2003, Libia 2011, Siria 2014 y ahora el asedio descarado a Venezuela, copiando pretextos, invocación de derechos humanos y democracia, pero, qué casualidad, siempre con el caramelito del petróleo de por medio y la recurrente confiscación de activos y privatización de la industria petrolera del país atacado. 

    La historia se repite y USA pretende volver a invadir países petroleros, pero no a cualquiera, nada menos que a Venezuela, que posee las reservas de crudo más grandes del mundo, por encima de Arabia Saudí, y en esas está en nombre de la democracia y con la excusa de combatir el narcotráfico, un mensaje hipócrita que no cuadra ni cala. El desequilibrio entre el consumo y la producción de petróleo y el poder ascendente de China, que sigue cerrando negocios con países latinoamericanos, marca el paso de su desespero. 

    Es tan ridículo el argumento de una supuesta operación contra el narcotráfico   para justificar el despliegue de guerra en aguas del Mar Caribe, que el mismo día que Trump anunció el cierre del espacio aéreo de Venezuela, otorgó el indulto al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 a 45 años de cárcel por nexos con el cártel de Sinaloa. La Justicia lo relaciona directamente con el famoso capo Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, otra lección de coherencia made in Yunai. 

    Mientras USA agita la bandera de la democracia y pide respeto a los derechos humanos, fuentes militares de ese país confirman que remataron a tiros en el mar a dos supervivientes de una supuesta embarcación al servicio del narcotráfico. La escalada de ejecuciones extrajudiciales en el Caribe no cesa y la comunidad internacional, salvo pequeñas excepciones, calla. Ya hasta olvidamos la muerte y desolación en Gaza y las más de 66.000 personas asesinadas en nombre de la democracia. 

    Hasta en el propio Estados Unidos hay voces discordantes con el proceder de Trump. Me llamó la atención la entrevista que concedió a una radio colombiana (W Radio) el asesor de seguridad de Trump en su primer mandato, John Bolton, asegurando que el presidente “estaba confundido en sus objetivos”.  Afirmó además que “mucho de lo que ha hecho es parecer bastante duro en los Estados Unidos en contra del tráfico de narcóticos, de la inmigración y del terrorismo, porque cree que eso lo posiciona bien políticamente en los Estados Unidos”.  

    En cuanto a las acusaciones de Trump señalando a estadistas como el presidente colombiano Gustavo Petro, Bolton coincidió con la descripción que hacen de él analistas políticos y psicólogos: “dice lo que él quiere que sea verdad, no le importa si hay evidencia o no”.  La mayor apuesta del hoy, desinformación y manipulación. 

    En España también tenemos nuestra pócima de realismo mágico. El Partido Popular convocó una nueva manifestación “contra la corrupción del Gobierno del Partido Socialista y de Pedro Sánchez”, pero cualquier persona que siga la actualidad del país puede concluir entonces que la manifestación también fue convocada por el PP contra sí mismo. El amigo del narco Marcial Dorado dijo que era una concentración “sin siglas”, y aquí malpensando, ¿será que eso de “sin siglas” viene a cuento porque en la cárcel Soto del Real también hay y han pasado unos cuantos presos VIP con sus siglas? 

    El pasado jueves 4 de diciembre asistí en el municipio de San Bartolomé al acto de presentación del poemario ‘A merced del alisio’, del biólogo y escritor, Ignacio Romero. El propio Nacho leyó el poema Deshumanizados, y de él, quiero compartir alguna letras para cerrar este artículo: “naciones unidas en capitales para pactos comerciales, desunidos gobiernos para el auxilio ciudadano, se repiten las matanzas en un ordenado caos, sádico beneficio para oligarcas supraestatales”. 

    Y no le falta razón a Nacho cuando en el mismo poema deja caer que el Planeta está sometido a la “global dolencia”. Esta semana supimos del Premio FIFA de la Paz  otorgado por el organismo que controla el fútbol mundial a Donald Trump por su “acción extraordinaria” para tratar de lograr la paz en Gaza y otros lugares. Esto se jodió, me escribió escuetamente un amigo.

  • «Canarias no aguanta más: necesitamos cambiar de rumbo», por Esther González

    «Canarias no aguanta más: necesitamos cambiar de rumbo», por Esther González

    En Canarias llevamos años hablando de lo mismo, pero sin atrevernos a dar el paso que la realidad nos exige: cambiar el modelo económico, y eso significa poner límites claros al turismo.

    Puede sonar duro. El turismo ha sido y sigue siendo la columna vertebral de nuestra economía. Pero si miramos con honestidad lo que está ocurriendo, veremos que no podemos seguir creciendo sin control. Ese camino ya no es sostenible, ni para el territorio ni para quienes vivimos aquí.

    Hoy el debate no es si el turismo es bueno o malo. El turismo ha traído progreso, empleo e ingresos. Pero también ha provocado una presión insoportable sobre nuestras carreteras, hospitales, viviendas, recursos naturales y servicios públicos. Lo que está en juego no es una disputa ideológica, sino la calidad de vida de la gente, la conservación de nuestro medio ambiente y el futuro de las próximas generaciones.

    En los últimos 25 años, Canarias ha sumado medio millón de habitantes. ¿De dónde viene ese crecimiento poblacional? En buena parte del desarrollismo basado en turismo y construcción.

    Más turistas implican más mano de obra externa, más demanda de vivienda, más consumo de agua y energía, más coches, más residuos. El círculo es evidente: si no se controla el crecimiento turístico, tampoco se puede controlar el crecimiento poblacional.

    Las consecuencias ya las vemos a diario. Jóvenes que no pueden acceder a una vivienda digna, colapso en los servicios de urgencias, saturación en carreteras y aeropuertos, espacios naturales degradados y barrios donde la vivienda vacacional ha expulsado a los vecinos. Todo ello mientras se sigue defendiendo un modelo de crecimiento “cuanto más, mejor”, y es aquí donde entra el debate fiscal.

    Mientras millones de turistas disfrutan de playas limpias, carreteras asfaltadas, seguridad o atención médica de urgencia, la factura de todo esto la pagamos en gran medida los canarios.

    Las políticas liberales de bajar impuestos y rechazar una tasa turística sólo nos condenan a tener menos recursos para educación, vivienda, movilidad o sanidad.

    En cambio, otras comunidades como Baleares o Catalunya, y muchos destinos internacionales líderes, ya aplican con éxito una tasa turística. ¿Por qué Canarias no?

    Desde Nueva Canarias defendemos una fiscalidad justa. Eso significa introducir una tasa turística moderada y bien diseñada, cuyos ingresos se destinen directamente a lo que más falta nos hace: proteger el medio ambiente, reforzar los servicios públicos en los municipios turísticos, rehabilitar espacios degradados y garantizar que quienes nos visitan contribuyen, al menos en parte, al coste real de su estancia. No se trata de cargar sobre el turista, sino de equilibrar lo que hoy es claramente injusto.

    Pero la tasa, siendo importante, no es suficiente.

    Lo fundamental es limitar y modular el crecimiento turístico según la capacidad de carga de isla, de sus infraestructuras y servicios públicos. No es lo mismo Fuerteventura o Lanzarote, ya muy saturadas, que La Palma, La Gomera o El Hierro, donde el turismo aún puede crecer de forma moderada, de calidad y respetuosa con el medio.

    Esto no es nuevo. En los años 2000 Canarias aplicó una moratoria turística que frenó las camas hoteleras y desclasificó suelo. Esa decisión permitió respirar y replantear el futuro. Lamentablemente, los gobiernos posteriores dejaron caer esas directrices y volvimos a la senda del crecimiento sin control. Hoy, dos décadas después, estamos en el mismo punto, con la diferencia de que la situación es aún más grave. El modelo actual ha tocado techo.

    La pregunta es sencilla:

    ¿Queremos seguir atrapados en un modelo caduco, donde los beneficios son privados y los costes públicos?

    ¿O damos el paso hacia un modelo más justo y sostenible?

    No se trata de cerrar la puerta al turismo, sino de cuidar lo que tenemos y garantizar que ese motor económico no se convierta en nuestra mayor amenaza.

    El futuro de Canarias pasa por equilibrar el turismo con la diversificación económica, la protección del territorio, el refuerzo de los servicios públicos y una política de vivienda que frene la especulación. Pasa también por apostar de verdad por el transporte público, la formación y el desarrollo de sectores innovadores.

    No podemos esperar otros 25 años para darnos cuenta de que hemos crecido demasiado y mal. El momento es ahora.

    O actuamos con valentía y visión de futuro, o el modelo turístico acabará devorando la tierra que lo sostiene.

    Canarias merece un turismo de calidad, no de cantidad. Merece un modelo económico que piense primero en su gente y en su territorio. Porque lo que está en juego no es solo la economía, es nuestra forma de vida.

    Canarias no puede seguir esperando a que este Gobierno actúe. La presión ciudadana es la única garantía de que algo cambie. No basta con quejarnos en casa o en redes sociales: tenemos que exigir en voz alta un modelo diferente, justo y sostenible.

    Si callamos, otros decidirán por nosotros.

    Si alzamos la voz, aún estamos a tiempo de salvar lo que nos hace únicos.

    Ha llegado la hora de decirlo alto y claro: Canarias no se vende. Canarias se defiende.

    Esther González González, diputada de Nueva Canarias-Bloque Canarista en el Parlamento de Canarias.

  • «La Inteligencia Artificial y la sanidad» por José Montelongo

    «La Inteligencia Artificial y la sanidad» por José Montelongo

    La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa tecnológica que se proyecta en un futuro lejano. Está entre nosotros y está transformando la manera en que diagnosticamos, tratamos y gestionamos los recursos en los sistemas sanitarios. No se trata de ciencia ficción ni de un experimento de laboratorio, sino de realidades que pacientes y profesionales viven a diario: algoritmos que ayudan a detectar enfermedades en fases más tempranas, sistemas capaces de prever la presión asistencial o herramientas que devuelven al profesional minutos preciosos para la relación humana con el paciente.

    En este contexto, la formación en IA no puede entenderse como una opción voluntaria o como un complemento decorativo. Es, sencillamente, una obligación estratégica. La reciente iniciativa AI Health Fundamentals, impulsada por Founderz y Microsoft, lo confirma con claridad: la sanidad del futuro será impensable sin competencias sólidas en inteligencia artificial, ética digital y gestión del dato. Canarias, que ya ha demostrado en otras ocasiones su capacidad de situarse a la vanguardia cuando apuesta decididamente por la innovación, no puede quedar al margen de este proceso.

    Desde la Consejeria de Sanidad, a través de la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales de Canarias (Essscan) asumimos que nuestra misión es mucho más que impartir cursos. Nuestra labor consiste en acompañar a los profesionales y a las instituciones en esta transición compleja. Queremos ofrecer itinerarios formativos que abarquen desde la alfabetización digital básica hasta programas avanzados para perfiles especializados, y hacerlo siempre desde una perspectiva ética, responsable y adaptada a nuestra realidad insular. La Essscan debe ser guía, garante y también laboratorio de innovación, con una propuesta formativa que dialogue con nuestra normativa y que tenga en el centro a los pacientes canarios.

    No apostar por esta formación supondría aumentar la brecha tecnológica con respecto a otros sistemas de salud, quedarnos únicamente como usuarios de modelos diseñados fuera de nuestro contexto y, en consecuencia, perder autonomía. Al contrario, invertir en capacitación nos permite garantizar seguridad y confianza, comprender los riesgos y sesgos que pueden acompañar a la IA, y anticiparnos a los retos de gestión de recursos, desde la planificación de camas hasta la disponibilidad de medicamentos o personal. Además, nos abre la puerta a generar innovación local: atraer talento, impulsar proyectos desde nuestras islas y contribuir con soluciones propias a los grandes desafíos sanitarios globales.

    Podemos imaginar un futuro en el que los médicos trabajen con asistentes inteligentes que les apoyen en la toma de decisiones y les liberen tiempo para el trato humano; en el que los modelos predictivos eviten la saturación de hospitales en temporadas críticas; en el que la monitorización continua de los pacientes crónicos alerte a tiempo de un empeoramiento antes de que sea necesario un ingreso; o en el que los datos sanitarios generados en Canarias sean la base de proyectos de investigación punteros, desarrollados bajo los más estrictos estándares éticos y de privacidad. Ese futuro no es una utopía: está a nuestro alcance si damos hoy el paso decidido de considerar la formación en inteligencia artificial como una competencia transversal para todos nuestros profesionales sanitarios.

    La IA no va a sustituir al talento humano. Pero sí puede amplificarlo, multiplicando su alcance y su impacto allí donde exista visión y preparación. La Essscan está lista para liderar ese camino en Canarias. Ahora, lo que necesitamos es que profesionales, instituciones y ciudadanía hagamos nuestra esta oportunidad histórica. Porque el futuro de la sanidad, lejos de improvisarse, se forma, se planifica y se lidera.