Categoría: Opinión

  • «Cuando la política se convierte en conflicto», por José Torres

    Vivimos en una época en la que el debate político parece haber perdido parte de su esencia. La política, que debería ser el espacio donde se construyen soluciones para mejorar la vida de la sociedad, se ha transformado en demasiadas ocasiones en un escenario de confrontación constante. Las ideas han dejado paso al enfrentamiento, y el diálogo se sustituye cada vez más por la descalificación y la rivalidad permanente.

    La ciudadanía observa con preocupación cómo el debate público se llena de tensiones, reproches y estrategias destinadas a debilitar al adversario. En ese clima, el verdadero objetivo de la política, que debería ser el bienestar de las personas, queda muchas veces relegado a un segundo plano. Se discute sobre quién gana o quién pierde una batalla política, pero rara vez se pone el foco en quién sufre las consecuencias de esa dinámica.

    Cuando miramos al mundo, vemos conflictos que van mucho más allá de las palabras. Las guerras entre países nos recuerdan de forma dolorosa hasta dónde pueden llegar las decisiones tomadas desde el poder. Detrás de cada enfrentamiento hay vidas humanas. Hay niños que pierden su infancia, familias que abandonan sus hogares y profesionales que arriesgan todo intentando proteger o salvar a otros. Los militares, los policías, los sanitarios y tantas personas que trabajan por el bien común no son números ni piezas de una estrategia; son seres humanos con historia, con familia y con sueños.

    Pero el conflicto no siempre se libra en los campos de batalla. También existe una forma de confrontación que, aunque no deja ruinas visibles, erosiona lentamente la convivencia social. Es la guerra política que se instala en el debate público, en los discursos y en la forma de relacionarse entre quienes tienen responsabilidades institucionales. Cuando esa dinámica se prolonga en el tiempo, termina trasladándose a la sociedad, dividiendo opiniones, generando tensión entre ciudadanos y debilitando el sentimiento de comunidad.

    La política no debería alimentar esa fractura. Su función debería ser precisamente la contraria: construir puentes, encontrar puntos de encuentro y buscar soluciones que beneficien al conjunto de la sociedad. Gobernar no significa imponerse al adversario, sino asumir la responsabilidad de trabajar por el bienestar colectivo. Significa entender que cada decisión tiene un impacto directo en la vida de millones de personas.

    La vida ya presenta suficientes dificultades por sí sola como para que el espacio público se convierta en una fuente adicional de conflictos. Las personas necesitan estabilidad, esperanza y la sensación de que quienes ocupan cargos de responsabilidad están trabajando para mejorar su realidad, no para prolongar enfrentamientos estériles.

    En muchos lugares, la ciudadanía empieza a mostrar un cansancio evidente ante esa dinámica de confrontación permanente. Existe una sensación creciente de que la política se ha alejado de los problemas reales de la gente. Mientras tanto, la sociedad continúa enfrentándose a desafíos importantes que requieren diálogo, cooperación y compromiso.

    El progreso de una comunidad no se mide por la intensidad de sus disputas, sino por su capacidad para avanzar unida hacia objetivos comunes. Las sociedades que prosperan son aquellas que entienden el valor del respeto, del entendimiento y de la búsqueda compartida de soluciones.

    Quizá ha llegado el momento de recuperar el sentido más noble de la política. Un sentido que coloque a las personas en el centro de cada decisión y que recuerde que el verdadero liderazgo no consiste en vencer al contrario, sino en ser capaz de construir un futuro mejor para todos.

    Porque, al final, más allá de ideologías, partidos o intereses particulares, lo que verdaderamente importa es la vida de quienes forman nuestra sociedad. Y ese futuro que todos deseamos solo podrá construirse desde la responsabilidad, el respeto y la convicción de que la política debe servir para unir, no para dividir.

    Esta reflexión nace simplemente de la preocupación y del deseo de que el debate público vuelva a orientarse hacia aquello que realmente debería ser su prioridad: el bienestar de la gente y la construcción de un mañana más justo y más humano.

  • «De los sacos de arena a la ciudad-esponja», por Sheila Guillén

    Cada vez que llueve con intensidad en Arrecife, la escena se repite: calles anegadas, vecinos preocupados y operarios desplegando sacos de arena a contrarreloj. Es una imagen que ya forma parte de nuestra realidad, pero no debería serlo de nuestro futuro.

    Los sacos de arena representan una forma de actuar que llega tarde, que responde a la emergencia, pero no soluciona el problema. Son el símbolo de una política de improvisación, de un modelo urbano que no ha sabido adaptarse a los desafíos climáticos que ya están aquí. Y lo cierto es que Arrecife no puede permitirse seguir funcionando así.

    No podemos seguir afrontando los problemas del siglo XXI con planes de emergencia propios del siglo XIX. Persistir en soluciones improvisadas y temporales no solo es ineficaz, sino que demuestra una falta de ambición a la hora de proteger a nuestra ciudad y a nuestros vecinos y vecinas.

    Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista creemos que ha llegado el momento de dar un paso adelante y apostar por una transformación profunda: convertir Arrecife en una ciudad-esponja.

    Este concepto, que ya se está aplicando con éxito en muchas ciudades del mundo, parte de una idea sencilla: en lugar de luchar contra el agua, debemos aprender a integrarla en el diseño urbano. Una ciudad-esponja es capaz de absorber, almacenar y reutilizar el agua de lluvia, reduciendo así el riesgo de inundaciones y aprovechando un recurso cada vez más valioso.

    Y no hablamos de teoría, sino de realidades que ya están funcionando. En Copenhague, tras graves inundaciones, se han desarrollado más de 300 proyectos que incluyen calles que canalizan el agua, parques inundables y espacios urbanos diseñados para retener lluvias intensas. En Rotterdam, plazas públicas se transforman en depósitos temporales de agua durante tormentas, combinando ocio y seguridad hidráulica. En ciudades como Wuhan o Shenzhen, en China, se han creado redes de parques, humedales y pavimentos permeables capaces de absorber gran parte de las precipitaciones urbanas, reduciendo significativamente las inundaciones.

    Incluso otras ciudades como Berlín han apostado desde hace años por cubiertas verdes y superficies permeables, integrando naturaleza y urbanismo para mejorar la resiliencia frente al agua. Y en lugares tan distintos como Singapur o Melbourne, la gestión inteligente del agua de lluvia ya forma parte del diseño urbano cotidiano.

    ¿Cómo se traduce esto en la práctica para Arrecife? En medidas concretas y realistas: pavimentos que permiten filtrar el agua en lugar de rechazarla, jardines diseñados para recoger y canalizar la lluvia, parques preparados para inundarse de forma controlada, cubiertas verdes que retienen el agua y sistemas que permiten su reutilización.

    No estamos hablando de ideas futuristas, sino de soluciones que ya existen, que funcionan y que pueden adaptarse perfectamente a una ciudad como la nuestra. Volver a la cultura del agua lanzaroteña, donde los residentes en la isla se preocupaban por almacenar el agua de lluvia conscientes de la extrema necesidad de una isla seca y árida.

    Hoy, con toda la tecnología a nuestro alcance, Lanzarote sigue en el siglo XIX en cuestión de planes de emergencia y en el siglo XX en generación de energía, puesto que seguimos dependiendo al 90 por ciento del petróleo y del fuel oil para desalar el agua que consumimos. Una situación de extrema vulnerabilidad tanto a los fenómenos climáticos que ya están siendo más frecuentes como al contexto económico internacional y las crisis bélicas que hacen aumentar exponencialmente los precios de los combustibles.

    Sabemos que un cambio como el que propongo no se produce de un día para otro. Requiere planificación, inversión y voluntad política. Pero también sabemos que seguir como estamos tiene un coste mucho mayor: daños materiales, inseguridad para los vecinos y una sensación constante de vulnerabilidad cada vez que el cielo se oscurece.

    Arrecife merece dejar atrás las soluciones improvisadas. Merece anticiparse, innovar y convertirse en un referente en adaptación climática. No podemos seguir poniendo parches cuando lo que necesitamos es un nuevo modelo.

    Los sacos de arena deben pasar a la historia. Es el momento de apostar por una ciudad que no tema al agua, sino que la entienda y la aproveche.

  • «No nacemos para cuidar. No es genética: es desigualdad», por Paula Corujo Callero

    Ayer muchas mujeres canarias nos enfadamos al escuchar las palabras de una enfermera del servicio público canario que defendió en el Parlamento de Canarias que las mujeres tienen una predisposición genética a desempeñar el papel de cuidadoras en la sociedad.

    Las declaraciones se produjeron en el marco de su intervención en las jornadas “Las que cuidan, las que atienden, las que limpian. Mujeres en el sector servicios en Canarias”, organizadas con motivo del 8 de marzo. Un espacio pensado precisamente para reflexionar sobre la desigualdad que siguen viviendo miles de mujeres en los trabajos de cuidados y en el sector servicios.

    Las palabras despertaron la indignación de una de las asistentes. Y no es difícil entender por qué.

    Decir que las mujeres tienen una predisposición genética para cuidar no es una afirmación inocente. Es repetir uno de los argumentos que durante décadas se han utilizado para justificar que las mujeres ocupen los trabajos más invisibles, más precarizados y peor pagados de nuestra sociedad.

    Durante siglos se intentó convertir en naturaleza lo que en realidad era una imposición social. Se dijo que las mujeres cuidaban porque “les nacía”. Que limpiar y atender formaba parte de su naturaleza. Y con ese relato se legitimó un modelo en el que ellas sostenían la vida cotidiana mientras el reconocimiento, el poder y los salarios dignos quedaban en manos de otros.

    No es genética. Es historia.

    Si el cuidado fuera una predisposición biológica, las camareras de piso de los hoteles, las kellys,no trabajarían en condiciones que, en muchos casos, rozan la explotación. No tendrían que limpiar decenas de habitaciones cada día, levantar colchones, cargar carros imposibles y cumplir ritmos de trabajo que dejan secuelas físicas permanentes.

    Las kellys no son el resultado de una predisposición natural. Son el resultado de un modelo económico que ha descansado durante años sobre el esfuerzo físico y la precariedad de miles de mujeres cuyo trabajo resulta imprescindible para sostener una de las principales industrias de Canarias.

    Y lo mismo ocurre fuera del mercado laboral.

    Hay madres que han tenido que renunciar a su carrera profesional para cuidar a hijos porque el sistema público no ofrece los apoyos suficientes. Mujeres que organizan su vida en torno a cuidados constantes. Mujeres que aman profundamente a sus hijos, pero que pagan ese amor con renuncias profesionales, económicas y personales que raramente se reconocen.

    No es predisposición genética. Es ausencia de corresponsabilidad social.

    También están las madres que crían solas a sus hijas e hijos. Mujeres que trabajan, que sostienen un hogar, que acompañan tareas escolares, que resuelven enfermedades, que llegan agotadas al final del día. Mujeres que cargan en solitario con responsabilidades que deberían ser compartidas.

    Estoy convencida de que muchas de las mujeres que utilizan con tanta ligereza ese tipo de afirmaciones, si se detuvieran un momento a mirar a su alrededor, encontrarían rápidamente ejemplos que desmontan esa supuesta “predisposición genética”. Todas conocemos a una amiga que cuida sola de un familiar mayor y que organiza su vida en torno a un padre o una madre dependiente. A otra que ha tenido que renunciar a su desarrollo profesional para atender a un hijo con discapacidad. A una madre que ha pasado su vida encadenando trabajos precarios limpiando, atendiendo o cuidando.

    Y probablemente quienes sostienen ese discurso puedan permitirse pagar para que alguien limpie su casa o cuide de sus hijos o de sus mayores. Pero incluso en esos casos el cuidado no desaparece: simplemente se traslada a otra mujer, casi siempre en condiciones de menor reconocimiento, menor salario y menor estabilidad.

    Por eso duele escuchar todavía hoy ese tipo de afirmaciones. Y duele aún más escucharlas en el Parlamento de Canarias y en unas jornadas que precisamente llevaban por título “Las que cuidan, las que atienden, las que limpian”. Porque lo que estaba sobre la mesa era justamente el reconocimiento de esos trabajos invisibles y de las desigualdades que los atraviesan.

    El problema no es que las mujeres cuiden. El problema es que durante demasiado tiempo se ha asumido que deben hacerlo ellas.

    Y cuando algo se presenta como “genético”, lo que se está diciendo en realidad es que es inevitable. Que es natural. Que no hay nada que cambiar.

    Pero sí lo hay.

    Porque cuando se habla de cuidados como si fueran una inclinación natural, se invisibiliza la realidad de miles de mujeres. Las que limpian habitaciones de hotel en jornadas que destrozan el cuerpo. Las que han tenido que renunciar a su desarrollo profesional para cuidar a un padre, a una madre o a un hijo con discapacidad. Las que sacan adelante solas a sus hijos mientras sostienen también un trabajo precario.

    Las mujeres no cuidan porque su ADN lo dicte: cuidan porque durante generaciones la sociedad decidió que ese sería su lugar.

    Y precisamente por eso, por justicia y por dignidad, ese lugar tiene que dejar de ser un destino.

  • Poli-therians. Por Alex Salebe Rodríguez

    Puede que algún animalito de la fauna planetaria ande mosqueado con los therians, pero quizás más con los poli-therians, que son distintos a los polytherians. Los primeros son dignos miembros de la zoociedad que dicen servir a la sociedad disfrazados de gestores públicos, algunos muchos, no todos, y menos mal, para que no terminen de mosquearse.

    Los polytherians en cambio son personas therians que se identifican no solo con una especie, sino con varios animales, hasta el punto de sentirse como ellos.

    En este desorden de ideas, el autor reconoce el uso irónico del prefijo “poli”, que realmente indica pluralidad o variedad. Para él, los poli-therians son políticos(as) que exhiben un comportamiento animal primitivo, junto a su incapacidad, gandulería y desinterés por informarse.

    Con la cantidad de documentos y expedientes que genera una administración pública, especialmente en materias esenciales como sanidad, educación, transporte público o gestión del agua, el autor cuestiona cuándo leen y analizan la documentación quienes deben tomar decisiones determinantes, si pasan el día grabando reels o difundiendo mensajes en redes sociales.

    Los poli-therians, afirma, no destacan por su comprensión lectora y parecen esperar que el conocimiento llegue por ósmosis inversa.

    En las últimas semanas, el nacionalismo canario llevó a varias instituciones de Lanzarote el debate sobre el pacto de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur, presentado por algunos como oportunidad ante los aranceles de Estados Unidos, y por otros como amenaza para el sector agrícola europeo.

    El autor defiende el debate con razonamientos, pero critica las imprecisiones y sandeces escuchadas, cuestionando si quienes intervinieron conocen realmente qué es Mercosur y qué países lo integran.

    Ironiza sobre el nivel de la clase política, comparándolos desfavorablemente con especies reconocidas por su inteligencia como chimpancés, pulpos o delfines, y aludiendo a que “cobran por calentar sillones”.

    Cita un artículo de National Geographic donde Brian Hare, fundador del Centro de Cognición Canina de la Universidad Duke, explica que la inteligencia no depende solo del tamaño del cerebro, sino de la cantidad de neuronas y el grado de interacción entre ellas. El autor concluye con una crítica metafórica aludiendo a una supuesta disociación neuronal en los “poli-therians”.

  • «Tías y la vivienda: ¿podrán nuestros vecinos seguir viviendo aquí?

     

    Si hay un municipio en Tías donde el problema de la vivienda se ha hecho especialmente visible, ese es el propio municipio de Tías.

    En las elecciones de 2023 la vivienda fue señalada como el principal problema que debía afrontar la administración pública. Han pasado más de tres años y, siendo honestos, la situación no ha mejorado. Es más, para muchos vecinos, ha empeorado.

    Hoy en Tías hay más de 300 viviendas en construcción. Algunas se entregarán este año y otras el próximo. Podría parecer una buena noticia. Pero cuando analizamos los precios, la realidad es muy distinta.

    Las más económicas superan los 225.000 euros. La mayoría están por encima de los 300.000 y muchas alcanzan cifras cercanas a los 600.000 euros.

    La pregunta es inevitable: ¿qué joven o familia trabajadora del municipio puede acceder a una vivienda a ese precio?

    Con los salarios medios que existen en la isla es prácticamente imposible sin asumir niveles de endeudamiento inasumibles. Esto significa que buena parte de esas viviendas no están pensadas para nuestros vecinos, sino para perfiles con mayor poder adquisitivo.

    Y aquí es donde debemos reflexionar con seriedad.

    No se trata de rechazar inversión ni desarrollo. Se trata de prioridades. Si el crecimiento urbanístico no está orientado a facilitar vivienda residencial asequible, lo que estamos generando es un desplazamiento progresivo de la población local.

    Poco a poco, el vecino y la vecina de toda la vida se ven obligados a buscar alternativas fuera del municipio.

    En Tías llevamos más de treinta años sin una promoción significativa de vivienda de protección oficial. Es un dato objetivo y preocupante. Sí, es necesario impulsar vivienda protegida. Sin duda.

    Pero también debemos ser realistas: la administración por sí sola no resolverá el problema únicamente construyendo promociones públicas. No tiene capacidad suficiente para cubrir toda la demanda existente.

    Hace falta un cambio estructural.

    Uno de los principales problemas en el municipio es la lentitud administrativa. Un vecino que quiere construir su vivienda habitual puede tardar hasta dos años en obtener licencia. Dos años.

    No podemos pedir más vivienda residencial y, al mismo tiempo, mantener procesos que se convierten en una carrera de obstáculos.

    La oficina técnica municipal debe convertirse en una herramienta de solución, no en un muro burocrático. Hay que reforzarla, dotarla de medios y priorizar las licencias destinadas a vivienda habitual. El vecino que quiere edificar su casa no puede sentirse tratado como un promotor especulativo. Agilidad y acompañamiento técnico son claves.

    Otra medida imprescindible es utilizar el suelo público disponible para desarrollar planes de actuación que permitan ofrecer parcelas a vecinos residentes para la autoconstrucción de viviendas unifamiliares, con condiciones claras:

    • Uso exclusivo como vivienda habitual.

    • Limitaciones que eviten la especulación.

    • Tipologías adaptadas al modelo territorial del municipio.

    Si no facilitamos estas herramientas, el mercado seguirá orientándose hacia promociones de alto valor destinadas a compradores extranjeros.

    Y entonces debemos hacernos otra pregunta incómoda: ¿queremos un Tías donde puedan vivir nuestros hijos e hijas o un Tías donde solo puedan comprar quienes vienen de fuera con mayor poder adquisitivo?

    La vivienda no es solo una cuestión económica. Es una cuestión social, de identidad y de futuro para el municipio.

    Tías necesita decisiones valientes y menos burocracia. Más suelo para residentes y más vivienda pensada para quienes viven aquí todo el año.

    Porque si no actuamos ahora, el problema no será solo el precio de la vivienda, sino la pérdida progresiva de nuestros vecinos.

    Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista en Tías defendemos un modelo claro: vivienda asequible para nuestros vecinos, agilidad administrativa y suelo público al servicio de los residentes.

    Vuelvo y reitero: ¿queremos un Tías donde puedan vivir nuestros hijos o un Tías reservado solo para quienes puedan pagar 400.000 o 500.000 euros por una vivienda?

    La vivienda no es un lujo. Es un derecho y una prioridad. Y como portavoz de Nueva Canarias-Bloque Canarista en Tías, seguiré defendiendo soluciones reales, valientes y centradas en nuestros vecinos.

    Porque el futuro del municipio depende de ello.

     

  • «Por qué el derecho del mar es clave en Canarias», por Claudio Doreste

    «Por qué el derecho del mar es clave en Canarias», por Claudio Doreste

    En el contexto actual donde abundan noticias sobre cambios geopolíticos importantes como la pretensión de los Estados Unidos de apoderarse de la gran isla de Groenlandia, clave para el control de las rutas marítimas de la zona, o noticias relacionadas con nuestro archipiélago, como la existencia de importantes recursos naturales en su entorno marítimo, o el contenido del libro “Canarias Vendida”, del letrado Alejandro Guerra, que tuvimos ocasión de presentar la semana pasada con gran éxito de público, y cuyo hilo principal es que Marruecos ha puesto en marcha un plan para apoderarse de nuestras islas utilizando el vigente derecho internacional, vamos a hacer una serie de reflexiones sobre la importancia del Derecho Internacional del Mar para nuestro archipiélago.

    Esta rama del derecho constituye un elemento esencial para comprender la realidad estratégica, económica y geopolítica de Canarias.

    Como archipiélago situado en el Atlántico medio, además de constituir un espacio de mar salpicado por ocho islas (tan territorio de un archipiélago es las islas que lo componen como el mar que las une), disponemos de un amplio espacio marítimo, cuya delimitación, regulación y aprovechamiento resultan fundamentales para su desarrollo presente y futuro. De hecho, en estos momentos se discute en las Naciones Unidas la ampliación de nuestra plataforma continental hacia el oeste hasta las 350 millas, cuestión clave para el control de importantes recursos naturales que habitan, por así decirlo, en la profundidad de nuestro lecho marino.

    Estos espacios marítimos resultan determinantes para cuestiones como la explotación sostenible de los inferidos recursos, la protección del medio marino —clave para el principal motor económico de las islas, el turismo—, la seguridad marítima, las rutas comerciales y la cooperación internacional con los países del entorno atlántico.

    Asimismo, el mar constituye hoy un escenario donde confluyen importantes desafíos de seguridad, como la gestión de los flujos migratorios irregulares, controlados, en su mayor parte, por auténticas mafias organizadas que se aprovechan de la desesperación de muchas personas en busca de mejores condiciones de vida, y la utilización de rutas atlánticas para el narcotráfico internacional.

    En este contexto, el Derecho del Mar no debe considerarse una materia abstracta o meramente académica, ubicada en la oscuridad de las aulas o en la rigidez de las publicaciones científicas, sino un instrumento jurídico imprescindible para garantizar la seguridad, la estabilidad y una adecuada gestión de nuestros intereses estratégicos vinculados al mar.

    Comprender su importancia resulta, por tanto, vital para analizar el papel de Canarias en el ámbito internacional y su proyección en el espacio atlántico.

  • «Perdóneme, señor presidente», por Óscar Noda

    «Perdóneme, señor presidente», por Óscar Noda

    Debo confesar que leía con sorpresa un artículo de opinión del señor presidente del Cabildo de Lanzarote, en el que trataba, en mi opinión sin éxito, de construir un relato en el que justificar su reciente salida de tono en el pleno del Cabildo insular, atacando a diestro y siniestro a todo el mundo sin importarle lo más mínimo la verdad.

    Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, en esas “inducidas” palabras del señor presidente me sitúa como un “correveidiles” del Partido Socialista, como un adlátere más, como si fuera mi socio natural y preferente. Perdóneme, señor presidente pero se equivoca, no he sido yo nunca alcalde de Yaiza con el apoyo y los votos del PSOE, cosa que sí lo hizo usted y su partido en infinidad de ocasiones y no solo en Teguise, y no se confunda señor presidente, perdóneme una vez más, usted no es tan hábil ni tan importante como para merecer coordinar toda una estrategia para acabar con usted. Usted acabará con usted mismo.

    Sus promesas e ilusiones vacías se van descubriendo a pesar de su gran campaña mediática. Sus incumplimientos afloran a medida que se acerca el final de su mandato, y sus mentiras ya no tienen madera de la que crecer. Por tanto, perdóneme señor presidente, no tiene usted razón.

    Además, los que nos dedicamos a la política debemos ser honestos, ser exquisitos en nuestras formas y expresiones, usted ha hecho un artículo de opinión para justificar una expresión salida de tono que no tiene precedentes en la historia honorable del Cabildo de Lanzarote, aunque usted se sitúe a sí mismo muy por encima de la representación que ostenta. Ese tipo de expresiones denota inseguridad, incapacidad, desesperación, sobre todo desesperación.

    Desesperación al haber quedado al descubierto su posición endeble y engañosa con las zonas ZAR, por no haber mejorado en nada el Ciclo Integral del Agua, pese a su infructuosa declaración de emergencia hídrica, donde por cierto, en la calle Barranco a la Hoyita en Femés tenemos diferentes tuberías rotas y se está perjudicando a vecinos que tienen que achicar agua de sus viviendas. En mi pueblo, y antes no pasaba en Yaiza, se corta el agua el martes por la tarde y no llega hasta el jueves por la mañana. ¿Le parece a usted eso normal?

    Lo que en su día eran promesas, buenas intenciones e ilusión, hoy se refleja en una gestión que brilla por su ausencia y que le obligan a utilizar este tipo de ataques para desviar la atención de lo verdaderamente importante. Su gestión, por eso, señor presidente, se le evalúa y se fiscaliza desde la oposición, e insisto, nada tengo en lo personal contra usted y usted sabe que le he tendido la mano en infinidad de ocasiones y he obtenido siempre la negativa por respuesta, acompañada de una bofetada institucional hacia mi pueblo en numerosas materias.

    Perdóneme, señor presidente, usted me llama “correveidiles”, pero no soy yo quien obra por medianías para materializar una venganza hacia mí, castigando por ello a mi pueblo, usted no es mi enemigo es su nula capacidad, no se confunda señor presidente.

    Por eso mis intervenciones cada vez son más intensas, el tiempo se acaba y como usted dice Lanzarote no tiene tiempo, pero mi pueblo tampoco, cinco años esperando por la carretera de Los Hervideros, tres años esperando por la llegada de cruceros en mi municipio, muchos años esperando para que el agua llegue en condiciones y no se corte. En Yaiza y Playa Blanca llevamos mucho tiempo esperando a no ver las guaguas pasar de largo por estar llenas, y además, las queremos ver con más frecuencia y ver en funcionamiento una guagua circular dentro de nuestro municipio. Lleva usted mucho tiempo vacilando con el proyecto de soterramiento de las torretas, lleva usted mucho tiempo prometiendo, prometiendo y prometiendo, y muy poco cumpliendo, y las escasas veces que lo hace, lo hace con una excesiva deslealtad. Señor presidente, disculpe pero hasta bueno he sido en mis consideraciones hacia su gestión y mandato.

    Por ello, a estas alturas del partido hay quien piensa que mi “estrategia” con usted, tanto como alcalde como consejero ha sido demasiado blanda. Se equivocan. Los que me conocen saben que no soy un político al uso, que trato de hacer prevalecer el interés general a la lucha partidista y que me da igual felicitar y reconocer como ya he hecho en ese plenario cabildicio cuando las cosas se hacen bien, pero no pretenda que me calle ante las injusticias y ante sus incumplimientos, y me da igual que me vincule con quien quiera vincularme, me sitúe donde me quiera situar, en cada lugar donde me usted me quiera colocar defenderé a mi pueblo una y mil veces más ante usted y ante quien se ponga por delante, porque yo como alcalde de Yaiza y como consejero del Cabildo de Lanzarote quiero vivir bajo dos premisas: la conciencia tranquila del deber cumplido y caminar humildemente con la cabeza bien alta, síntomas de haber empleado siempre la verdad y la lealtad, sobre todo con mi pueblo. En definitiva, señor presidente, perdóneme, pero gobernar no es lo mismo que ocupar un sillón.

  • «Con el agua al cuello», por Álex Salebe

    «Con el agua al cuello», por Álex Salebe

    Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, y ahora Marta, se agotan los nombres que identifican las borrascas y danas de gran impacto esta temporada 2025 – 2026.

    Estamos viendo imágenes desoladoras en el sur de España y Portugal, por citar los casos más cercanos, pero si echamos un vistazo al otro lado del charco, Colombia se encuentra en emergencia nacional con más de 170 municipios inundados por fuertes lluvias que dejan cerca de 30.000 familias damnificadas.

    Como las guerras, la tecnología en las comunicaciones nos permite observar en directo las catástrofes naturales y los vergonzosos “shows” que montan algunos medios de comunicación en medio de la tragedia. Reporteros (as) “valientes” que se meten en caudales callejeros pidiendo prudencia a la ciudadanía mientras que con su actuar hacen exactamente todo lo contrario. Gritar tampoco es informar mejor.

    Rachas de viento, ríos que multiplican su caudal, crecientes repentinas, evacuaciones de viviendas y pueblos enteros, daños en casas, carreteras, puentes e infraestructuras de servicios públicos, cultivos completamente anegados, pero sobre todo víctimas mortales, la peor cara de la desgracia, y la desolación de quienes perdieron buena parte de su patrimonio y saben que será casi imposible recuperarlo, nos recuerdan la realidad del cambio climático, que la clase política extremista sigue negando, muy a pesar de estas evidencias y las sustentaciones científicas, que también desprecian. Y no extraña, vimos en directo bombas descargadas sobre Gaza, muerte y destrucción, pero eso que llaman genocidio es puro cuento.

    Políticos irresponsables que gobiernan o aspiran a gobernar y sus medios informativos altavoces usan el cambio climático como panfleto electoral. El calentamiento del Planeta y la inmigración son su clímax propagandístico.

    En 2021, en tiempos de incertidumbre por la pandemia, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, de Naciones Unidas, sacó uno de los informes más completos en la materia. Los científicos, no agitadores de redes sociales, ni políticos ignorantes, ni toderos de tertulias desinformativas, lanzaron un aviso muy serio sobre los efectos devastadores, en una década, de las emisiones continuas de los gases de efecto invernadero. Vamos por la mitad de ese periodo límite.

    Preocupa a los científicos no solo la acción insuficiente de la humanidad, en políticas gubernamentales o en el comportamiento individual de ciudadanos y ciudadanas, sino las campañas orquestadas de desinformación para negar o minimizar un problema muy serio.

    Las redes sociales están siendo un medio recurrente de exposición desinformativa, en el cambio climático y en otros fenómenos globales como la movilidad humana. La ONU intenta reforzar la divulgación de informes científicos, pero ante una sociedad anestesiada que está viendo en directo lo que está pasando y sigue considerando en parte el cambio climático un bulo o mal menor, cualquier campaña de comunicación es bienvenida.

    No se trata de coartar la libertad de expresión o escorar el flujo informativo, al contrario, se trata de poner todos los elementos de juicio sobre la mesa para que la población pueda discernir con base científica. En la medida en que la ciudadanía informada dé muestras de pensamiento crítico, pregunte y cuestione, y que los impulsos queden desplazados por la reflexión, la clase política se verá obligada a no despreciar con engaños a la sociedad. Conocimiento, análisis y actuación, trilogía de escudo y combate en la guerra mediática.

  • «Teguise no es un sillón», por Belén Machín

    «Teguise no es un sillón», por Belén Machín

    Hay gobiernos que avanzan con rumbo y otros que se sostienen a base de equilibrios frágiles, pendientes más de no caer que de andar. Lo ocurrido recientemente en el Ayuntamiento de Teguise no puede quedarse como una simple discrepancia personal ni como un episodio menor de la vida política municipal. Es, en realidad, el síntoma visible de una profunda inestabilidad en el grupo de gobierno y de una forma de entender la política que nos debe preocupar.

    La salida de un concejal del Partido Popular (PP) del grupo de gobierno y su posterior regreso, en cuestión de días, dejó al Ayuntamiento en minoría y al municipio al borde de una crisis institucional. Bastó un solo movimiento para que todo el entramado del pacto se tambaleara. Eso no habla de fortaleza ni de cohesión; habla de un gobierno sostenido por hilos demasiado finos.

    Pero más grave que la crisis en sí fue la manera de gestionarla. No hubo explicaciones claras a la ciudadanía, no hubo una asunción pública de responsabilidades ni un ejercicio sincero de transparencia. La marcha atrás se produjo con la misma rapidez que la salida, como si todo formara parte de un juego interno que nada tiene que ver con los problemas reales de Teguise.

    Y ahí es donde la política pierde su sentido.

    Mientras se juega al dentro y fuera del gobierno, los vecinos y vecinas siguen esperando soluciones. Siguen esperando respuestas en materia de vivienda, servicios públicos, mantenimiento de los pueblos, apoyo al tejido social y económico o cuidado del patrimonio. Siguen esperando que el Ayuntamiento sea una herramienta al servicio de la gente y no un espacio de disputas por el poder y el sueldo.

    Cuando la prioridad es conservar el sillón, el municipio pasa a un segundo plano. Cuando el objetivo es mantenerse en el gobierno a cualquier precio, la gestión se resiente y la confianza ciudadana se rompe. Gobernar no es resistir, es servir; no es sobrevivir políticamente, es responder a quienes depositaron su confianza en las urnas.

    Teguise no necesita más sobresaltos ni más episodios de inestabilidad. Necesita seriedad, coherencia y un proyecto político que mire a largo plazo, que ponga a las personas en el centro y que entienda que el poder no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de la gente.

    Porque Teguise no es un sillón.
    Es un municipio vivo, con historia, con problemas reales y con vecinos y vecinas que merecen respeto, estabilidad y compromiso.

  • «¿Queremos seguir viviendo de los récords turísticos?», por Isidro Pérez

    «¿Queremos seguir viviendo de los récords turísticos?», por Isidro Pérez

    Tras el cierre de FITUR y una vez pasado el intenso ritmo de cifras, titulares y promociones, se abre un espacio necesario para la reflexión. El turismo no se construye en unos pocos días ni en un único evento, sino a lo largo de todo el año, desde el territorio y desde la gestión cotidiana de nuestros municipios.

    Lanzarote es una isla con recursos limitados. El agua, el suelo, el territorio y los servicios públicos tienen una capacidad finita, a la que se suman retos cada vez más evidentes en ámbitos como la vivienda, la movilidad o el acceso a servicios básicos. Esta realidad nos obliga a mirar el modelo turístico con responsabilidad y a preguntarnos si el éxito puede seguir midiéndose únicamente en número de visitantes o niveles de ocupación.

    La respuesta es clara: no.
    El verdadero éxito turístico debe medirse en bienestar para la población local, equilibrio territorial y calidad de vida. Ordenar el territorio, planificar con visión de futuro y proteger nuestros recursos no es ir en contra del turismo, sino la mejor garantía para su continuidad y para preservar la autenticidad que nos hace únicos como destino.

    Convivir con el turismo es uno de los grandes retos del siglo XXI. Lanzarote ofrece un entorno natural y cultural excepcional, y que personas de todo el mundo quieran conocerlo es motivo de orgullo. Pero precisamente por ello existe una responsabilidad pública de cuidar lo que somos y lo que ofrecemos, asegurando que la actividad turística sea compatible con la vida diaria de quienes habitan la isla.

    En este contexto, es necesario abordar debates sin miedo. Uno de ellos es la implantación de una tasa turística con un objetivo claramente finalista, basada en la corresponsabilidad. No se trata de prohibir ni de penalizar, sino de solicitar una pequeña contribución a quienes nos visitan para ayudar a proteger un territorio frágil y garantizar un destino de calidad.

    Los recursos obtenidos deben revertir directamente en la mejora de la isla y en el bienestar de su población, destinándose a ámbitos en los que las administraciones locales tienen competencias directas: atención sociosanitaria, apoyo a mayores y personas dependientes, programas de formación y empleo, así como la conservación y mantenimiento de los espacios naturales y la mejora de los servicios de información y gestión.

    Solo así el éxito turístico podrá traducirse en sostenibilidad, cohesión social y futuro.
    Repensar el turismo desde dentro no es renunciar al progreso, sino decidir qué modelo queremos y cómo queremos vivirlo, pensando en Lanzarote y en quienes la llamamos hogar.