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  • «En política se puede hacer de todo menos el ridículo», Carlos Espino

    La máxima es de Josep Tarradellas, presidente de la Generalidad de Cataluña, y su significado está claro: la política permite alianzas, cambios de opinión y negociaciones complejas, lo que no admite es perder la dignidad.

    Fernando Clavijo por lo visto solo leyó hasta el «se puede hacer de todo», dejándose atrás lo de evitar el ridículo.

    Si desde los primeros compases de la crisis del Hondius se le vieron las costuras a Clavijo, durante este fin de semana se ha empeñado en dejar claro en prime time y con cobertura nacional se escasa talla como gobernante y, lo que es peor, su absoluta indigencia intelectual.

    Posicionar a su Gobierno consultando si las ratas son buenas nadadoras a un chat de inteligencia artificial demuestra la falta de seriedad y rigor del personaje y su intolerable falta de respeto por las propias instituciones canarias.

    Podía, debía, haber contado con los especialistas de las universidades canarias y con los técnicos de su Gobierno, pero optó por la cuñadez en grado supino que supone enfrentarse a una situación de esta importancia asesorado por ChatGPT, Gemini o la que fuera, que tanto monta, monta tanto.

    El que preguntara por las ratas, en lugar de por los ratones, queda en el terreno de la anécdota y no es más que una torpeza adicional frente a la gravedad, y hay que insistir en ello, de que el presidente de Canarias ignore el conocimiento científico a su disposición y nos defienda sin más amparo que una consulta en internet.

    Pero no le bastó con esa ridícula torpeza. Acostumbrado a sentirse protegido por todo un ecosistema mediático dedicado a arroparle y a ocultar su más absoluta inanidad, tuvo la osadía de mentir en vivo y en directo en una televisión nacional, negando haber recibido de la ministra de Sanidad un informe científico que desmentía rotundamente el riesgo de sus famosos ratones nadadores.

    El desmentido fue tan contundente y de una magnitud tan colosal como para dejarnos con la duda de cómo calificar a Clavijo, si como mentiroso o como tonto, que hasta para mentir conviene ser algo más espabilado.

    Sobre todo para no hacer el ridículo en prime time y con cobertura nacional.

  • «Clavijo le queda pequeño a Canarias», por Carlos Espino

    Una de dos, o histeria impropia de un presidente de Canarias,  o un cálculo electoralista miserable, igual de impropio aunque no por ello desacostumbrado.

    La sobreactuación de Fernando Clavijo con respecto a la llegada a Canarias del MV Hondius supone, además de un ridículo espantoso, una exhibición lamentable de populismo ramplón y de la más absoluta falta de talla humana y política.

    Según Clavijo, Canarias en incapaz de manejar con garantía una situación que, por más que nos sorprenda, puede volver a producirse en cualquier otro momento, sin necesidad de que el crucero venga de Argentina vía Cabo Verde.

    Con su insensato argumentario, Clavijo se ha empeñado en dibujar a una Canarias incapaz de hacer frente a sus responsabilidades, quizás porque es la seña de identidad de su gobierno.

    Unas responsabilidades que en este caso, además, son mínimas por no decir inexistentes, ya que corresponde al Gobierno de España la gestión de la crisis. Al presidente de Canarias tan solo le correspondería ofrecer su colaboración leal.

    Pero no. Lo que ha ofrecido Clavijo han sido declaraciones alarmistas, como si a los cruceristas los fueran a bajar del barco para llevarlos caminando por la Avenida de Anaga a una recepción en Presidencia.

    Declaraciones realizadas amparándose, y es marca de la casa, en la defensa de Canarias cuando la defensa de las islas en cuanto a sanidad exterior le corresponde al Gobierno de España, mientras él olvida con harta frecuencia lo que sí son sus competencias.

    Pero claro, le era imposible resistirse a un nuevo minuto de gloria y a una nueva exhibición de agravios. Necesitaba mostrar con Sánchez la firmeza que no se atreve a exhibir con sus socios populares cuando le dan la espalda con los menores.

    Lo malo para Clavijo es que esta crisis va a dar para muy poquito. Cuando el domingo salgan los aviones con los últimos pasajeros del crucero, se acabó la crisis.

    Lo que sí quedará en la memoria será la imagen de un presidente o histérico u oportunista tratando de hacer a Canarias tan pequeña como él.