Los retos actuales y futuros exigen mucho más que ponerse a vivir de la renta, del yo hice, yo hago, yo soy el chacho o chacha de la película, o de buscar figuración criticando al nacionalismo catalán o al vasco que le dan tres vueltas al nacionalismo canario.

Después de la primera entrega que publiqué en septiembre de 2021, seguramente este no será el último capítulo de la fábula nacionalista – clientelista, vistos los especímenes, machos y hembras, que deambulan por la selva de la política canaria, y eso que no tengo ni por asomo la exquisita narrativa costumbrista de mi buen amigo, el escritor y guionista colombiano David Sánchez Juliao (Q.E.P.D).

De lo contrario, la saga sería interminable, pero también es verdad que cansina y aburrida para la mayor parte de los mortales que nos interesa y demandamos soluciones sobre asuntos de verdadero interés general, por ejemplo, mejores servicios sanitarios. Entiendan que nos preocupa cero su interés personal y/o corporativo de volver a apoltronarse en el poder regional, así porque sí, sin proyectos o propuestas de debates sensatos y pobres cuadros en la dirigencia política regional, insular y local, que dan pena y vergüenza ajena. Libre opinión.

Mientras Canarias aparece en el puesto 17 en la tabla de clasificación del porcentaje de aprobados de alumnos de bachillerato en las últimas pruebas de acceso a la universidad entre las comunidades autónomas españolas, es decir, el último puesto del ranking que encabeza La Rioja, un comportamiento similar en los últimos 20 años donde los nacionalistas han copado la práctica mayoría de las legislaturas cambiando pareja de baile para gobernar, con la derecha y la izquierda, seguimos enfrascados en debates insulsos como la pregonada “unión” del nacionalismo canario, con más declaraciones de buenas intenciones, insisto, que con proyectos y líderes capaces.

Paulino Rivero, del partido nacionalista Coalición Canaria, hace autocrítica, aunque para mí, insuficiente. Con las elecciones municipales y autonómicas en el horizonte de mayo de 2023, el expresidente de Canarias, que gobernó ocho años, de 2007 a 2015, admite en una de sus últimas columnas de opinión en las que se desgañita pidiendo a gritos la “unión” de las fuerzas nacionalistas, la pérdida del peso e influencia de su partido y de otros partidos que lo impulsaron sobre todo “por los muchos errores propios cometidos”.

Don Paulino Rivero podría hacer un ejercicio simple, que no simplón, de preguntar a unos cuantos dirigentes o candidatos a gobernar cualquier administración pública de sus filas nacionalistas si de casualidad saben, para empezar, ¿qué es el nacionalismo canario?, ¿cuál es su ideario? o ¿en qué se fundamenta y hacia dónde pretende avanzar?

La política y la clase política están tan desprestigiadas que ya no admitimos una política de bar o de despensa, de engrupir o de cantinflear frente a los electores, que cada vez conocen más a quienes son capaces, tienen voluntad y quieren trabajar o a quienes llegan simplemente a mamar o son títeres de empresarios, y esto vale para nacionalistas y no nacionalistas. Hay “políticos” que cambian de partido como cambiarse de chaqueta, de la izquierda, para el centro, para la derecha o para el nacionalismo, o viceversa, en definitiva, para el que pague la campaña electoral o les prometa un puestito aquí o hasta en el más allá. Ni la Virgen de Los Dolores ni San Marcial de Rubicón.

Los retos actuales y futuros exigen mucho más que ponerse a vivir de la renta, del yo hice, yo hago, yo soy el chacho o chacha de la película, o de buscar figuración criticando al nacionalismo catalán o al vasco que le dan tres vueltas al nacionalismo canario. Allí están las estadísticas de calidad educativa de Cataluña y el País Vasco que ellas solitas empiezan a refutar el filibusterismo y fili-embusterismo enrocado.

Don Paulino Rivero podría organizar un crucero político – formativo – ético por las Islas Canarias para explicar a lo suyos cuál sería el proyecto nacionalista, no clientelista, con el que deben convencer a la población. Si no hay bases formadas y no hay proyectos, los gritos por la “unión” nacionalista no valen para nada.

Y un poquito de ética política, arte y filosofía, de verdad, tampoco vendría mal. Vivimos en una sociedad en la que los dirigentes políticos y nosotros, los ciudadanos, priorizamos intereses personales a la resolución de problemas comunes. La filosofía y el arte, señores nacionalistas y no nacionalistas, nos ayudan a no tragar entero, a ser críticos, a explicarnos mejor y aprender a escuchar a los demás y tomar nota de otras experiencias que pueden resultar provechosas.

Hace falta muchísimo trabajo, Don Paulino, para que sus deseos se conviertan en un proyecto realizable. Por faltar, hasta sentido común falta. Convoque a los suyos y haga el crucero formativo por las Islas y si quiere zarpe usted del puerto de Playa Blanca, el más nuevo y sostenible de Canarias con capacidad de atraque de cruceros de mediana escala, que aquí cerca seguro tendrá muchos discípulos (as) esperándolo para por fin conocer la doctrina nacionalista, no clientelista. Usted, que es maestro de escuela, seguro tiene mayor facilidad a la hora de enseñar que el cultivo de la identidad de un pueblo y el esfuerzo por la consecución de su bienestar es un trabajo muy serio y complejo.

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