Artículo de opinión po Pedro San Ginés Gutiérrez. Ex presidente del Cabildo de Lanzarote y portavoz adjunto del Grupo Nacionalista (CC-PNC)

Sobre la falta de contratos al jefe de prensa de Dolores Corujo, Mario Alberto Perdomo y a los hermanos Acosta que tanto la protegen.

Como sabrán quienes siguen de cerca la política insular, esta es la tercera y última entrega de una serie de artículos que me animé a compartir ante la inminente celebración, nunca mejor dicho para algunos, del que será el segundo juicio oral que tendré en mi vida. Los dos abiertos por el mismo juzgado, que además instruye otra “macrocausa” contra mí por la supuesta fortuna que poseo y mi aparente pertenencia al crimen organizado, entre otras denuncias que me han tocado en “suerte” en el mismo juzgado.

A quienes tengan interés y no hayan leído las dos entregas anteriores, les animo a hacerlo en (“¿Falso testimonio, yo? I” y “¿Falso testimonio, yo? II”) y entenderán mi perplejidad por ser precisamente yo quien termine sentándome en el banquillo, cuando ni fui yo quien puso la querella, ni mucho menos quien cometió los supuestos delitos. Ver para creer.

Como ya he dicho, gran parte de lo que subyace en esta y otras denuncias contra mí, no es más que el odio larvado durante los diez años en que estuvieron imputados Carlos Espino (entonces secretario general del PSOE y hoy jefe de gabinete de Dolores Corujo) y Mario Alberto Perdomo (patrono de la Fundación Cesar Manrique y entonces asesor a sueldo de Espino, hoy afiliado del PSOE y jefe de Prensa de Corujo). Pero para entenderlo mejor les voy a reproducir algunos pasajes de los testimonios del director económico de los CACT, tanto ante la Guardia Civil como ante el juez, refiriéndose a los contratos del propio Mario Alberto, los de su empresa VA&ASOCIADOS, o los trabajos encomendados a la misma:

Ante la Guardia Civil declaró lo siguiente:

“Otro ejemplo de contratación sin respetar las instrucciones fue el archivo histórico ya que al dicente no le consta que hayan solicitado los tres presupuestos obligatorios para adjudicar el contrato sino que ha sido contratada directamente la empresa VA&ASOCIADOS S.L”.

(…) “se ha contratado el servicio del Archivo Histórico a VA&ASOCIADOS y dicho servicio no le consta que se haya ejecutado o exista”…

Para quienes no lo sepan, el archivo histórico se iba a exponer en “Los Aljibes de Tahíche”, una instalación que igualmente alquiló Carlos Espino con dicho pretexto —creo que recordar que a razón de unos 3.500€ mensuales durante años— pero que se encontraba hecha un estercolero, llena de basura y ratas y al que jamás dieron uso alguno, como se recordará en imágenes que dieron la vuelta a Lanzarote.

Y añadió el director, (…) “que también la mercantil VA&ASOCIADOS S.L. ha cobrado una cierta cantidad de dinero sin realizar los trámites de contratación obligados por las instrucciones aprobadas por el Consejo de Administración”…

Ante el juez instructor y al respecto de Mario Alberto Perdomo, de su propia contratación y de los trabajos contratados a su empresa, declaró el director:

“Que conoce a Mario Alberto Perdomo, que hizo un asesoramiento externo, fue contratado en exclusividad, no hubo publicidad, que la exclusividad se tiene que justificar”. “Que hay servicios que no tienen que ver con la oferta inicial firmada con esa empresa”. “Que no le consta que saliera a concurso la contratación de dicha empresa…”. “Que el trabajo que se realizó, al declarante y a su departamento no le consta que exista ese trabajo” y que “el declarante emitió informe diciendo que las facturas se pagaron pero que en su departamento no le consta el trabajo que realizaron”.

Casi nada, y yo añado que el contrato personal de Mario Alberto como asesor tenía una vergonzosa cláusula de confidencialidad, a pesar de lo cual hicimos público que en aquellos años Mario Alberto y su empresa habían cobrado cientos de miles de euros solo de los CACT, tras lo cual Mario Alberto puso una denuncia contra los presidentes del PP, CC, PNL, PIL y contra mí mismo por injurias y calumnias, denuncia que fue archivada por los tribunales.

Por último, y lo siguiente es solo la punta del iceberg del porqué de la visceral inquina hacia mí de los hermanos Acosta desde Radio Lanzarote y La Voz de Lanzarote, desde hace más 15 años: De todos son conocidos los suculentos contratos de los que han sido beneficiarios los medios de cabecera del Partido Socialista cada vez que han tenido responsabilidades de gobierno, y en particular los gastos realizados desde los CACT, (no quiero ni pensar en lo que nos encontraremos de este mandato) a veces de forma directa y en ocasiones a empresas de servicios o eventos vinculadas a sus propietarios, como el contrato a una empresa de los hermanos Acosta por 30.000€ para promocionar los CACT con azafatas en la Calle Real en pleno agosto, cuando los CACT estaban por encima de su capacidad de carga; por poner solo un ejemplo de las prebendas perdidas.

Sin embargo, nadie lo había contado de manera tan explícita como hizo el mismo director económico de los CACT cuando declaró ante la Unidad contra la Corrupción de la Guardia Civil, y hablando de los pagos sin contratos añadió:

(…) “y también la mercantil LANZAROTE TELEVISIÓN (ENJOY TV) a la cuál se le ha abonado la cantidad aproximadamente de 2.000 euros durante varios meses y al final ha superado los 18.000 euros del contrato factura”.

Pero se equivocó el director, porque eran más de 3.000 los euros mensuales y muchos más de 18.000 los euros anuales que pagaba Espino a los Acosta por Enjoy TV, publicidad regular, y contratos específicos aparte. Para colmo, Enjoy TV, no era más que un cutre vídeo promocional de Lanzarote de unos minutos, emitido en bucle en un recuadro de la TV para la que tenían licencia, con el resto de pantalla llena de publicidad privada.

Como anécdota de mi perplejidad, resulta paradójico que yo, ni en mi testifical ante la Guardia Civil, ni en los documentos que aporté como borrador de la denuncia que nunca puse, cité a Mario Alberto o la empresa de la que era socio, a quienes se citan por primera vez en la querella de Ástrid Pérez.

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