Cualquiera que conozca un poco sobre composición visual, distribución de los elementos en el espacio o simplemente tenga algo de gusto por la armonía sufrirá un constante desasosiego cada vez que camine por esta ciudad nuestra.

Leandro Delgado Zalazar

«Arrecife lleva tiempo involucionando en cuanto a desarrollo urbano de calidad. No sé cómo ni quién está tomando las decisiones en cuanto a la creación de espacios urbanos. Aunque sí estoy seguro de que no tiene un plan más allá de amontonar cosas en un mismo lugar.

Cualquiera que entienda un poco sobre composición en el diseño sabrá que el todo es mayor que la suma de las partes y que no siempre es la suma de las partes. Cualquiera que conozca un poco sobre composición visual, distribución de los elementos en el espacio o simplemente tenga algo de gusto por la armonía sufrirá un constante desasosiego cada vez que camine por esta ciudad nuestra.

Por poner un ejemplo, resulta curioso que desde el sector que promueve el derribo del patrimonio cultural e histórico de la ciudad -casas viejas las llaman- se argumente que su protección está guiada por «caprichos» más que por razonamientos técnicos. Además, exige que sean los urbanistas quienes decidan lo que tiene valor histórico y cultural como la solución final. En este punto, creo que lo que realmente quieren es un “urbanista” a la carta que satisfaga sus intereses. Quizás, habría que explicarle a ese sector que el urbanismo es algo mayor que la suma de las partes y siempre es la suma de las partes. El urbanista que pretenden no existe; sobre todo porque de existir no sería un urbanista. 

El urbanista -el que ellos no quieren- tiene una visión global del conjunto. Sabe que la proyección urbana es la convergencia de diferentes ópticas y la confluencia de distintos aspectos técnicos, sociales y ambientales. El urbanista que no quieren sabe que una ciudad ordenada, resiliente y de proyección en el futuro es la suma de muchas partes a tener en cuenta; no se imagina una ciudad en la que su parte histórica y cultural no tenga cabida, por ejemplo.

Forma parte de un equipo multidisciplinar que maneja datos, informes, encuestas, diagnósticos, indicadores, etc., en el que se habla de proximidad, de visibilidad, de seguridad, de inclusión; donde se plantea la escena urbana y sus escenarios, su habitabilidad y confort, o por el contrario, su grado de hostilidad. Este urbanista promueve y fomenta los procesos participativos porque tiene claro que no se pueden aplicar soluciones sin contar con una participación ciudadana amplia y alta. Asimismo, sabe que es desde allí por donde se empiezan a construir los espacios, el entorno… la ciudad.

Qué opinión tendrá el sector que aboga por la “postalización” de la ciudad, dejando tres o cuatro fachadas bonitas pa’ la foto, sobre regeneración urbana, cohesión social, renaturalización, equidad funcional, inversión de la pirámide de movilidad urbana, entornos comunitarios, gobernanza y participación, adaptación de la ciudad al cambio climático, contaminación visual y lumínica, etc. En cualquier caso, si algo comparto con ese sector es que Arrecife necesita urbanistas. Creo que los tenemos y buenos. En Canarias se está hablando en esos términos y algunos  municipios ya están caminando hacia ese horizonte. Hay personal técnico en los ayuntamientos que ha comprendido que la dirección que se debe seguir es la que lleva a una urbanidad verdaderamente resiliente y sostenible, en la que se conjuguen tanto los aspectos técnicos como los sociales, los económicos y los ambientales. Comprender que la construcción de una ciudad pasa necesariamente por la  participación de la mayoría de agentes sociales, que debe tener siempre una escala humana y un equilibrio con la naturaleza es un primer paso hacia la esperanza.

Sin embargo, lo que nos falta es una clase política con capacidad para entender el significado del bien común y que el todo es algo mayor que la suma de las partes; que la ciudad no la construyen los partidos sino la sociedad y que los intereses de unos pocos no pueden definir su futuro. La ciudadanía tiene el derecho a la ciudad, para disfrutarla, para vivirla y para construirla.»

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